Publicado el: Jue, Nov 2nd, 2017

Arte e industria cultural

Por Luciano Filpo

Desde los primeros grupos humano: horda, banda, clan familiar, se empieza a encontrar huellas de la producción artística del ser humano. En sus orígenes, las expresiones artísticas se relacionan con la vida cotidiana, la caza, pesca, recolección, la religión, la reproducción. En muchos lugares se hallan petroglifos, escenas de cacería, de espiritualidad. Los griegos relacionan la expresión de la belleza con musas o demiurgos que iluminan la productividad y creación del ser humano. En sentido estricto el arte es expresión del ser humano para recrear la vida material y espiritual. El arte desempeña un rol de amortiguador social, hoy es un resorte de control de ocio y de inversión. En el mundo moderno la expresión artística había funcionado como relajante, algo más que la simple manifestación de una expresión creativa. El arte se desplaza de lo sacro a lo profano. En el siglo XX, los teóricos de la escuela de Frankfurt, teorizan acerca de la industria cultural, de la capacidad de la sociedad capitalista de convertir la creación en una mercancía, en expresión del comercio en una sociedad de consumo. En este siglo las sociedades y las economías se han terciarizado, predominan los servicios-turismo, comercio, transporte, finanzas, salud, educación, cine, literatura, artesanía, alfarería, cestería, orfebrería. Se deja de lado la vieja y antagónica relación entre el obrero y el patrón. La sociedad contemporánea pone énfasis en la creatividad, en la producción en series de artefactos o lo que se podría denominar mercancía cultural o fetiche, objeto con valor de uso y valor de cambio en el mercado. Autores neomarxistas como: Teodoro Adorno, Max Horkheimer, Walter Benjamín analizan la función de la cultura y le atribuyen múltiples dimensiones: social, económica, política, socio-cultural e ideologica. La aparición de la mercancía cultural ha desacralizado el arte, ha animado la producción en serie de miles de objetos, símbolos, amuletos que reflejan la vocación seductora de la sociedad de consumo. Esa mercancía cultural expresa las habilidades humanas para reflejar un nuevo estilo de productividad, manifestando en un amplio abanico del que hacer del hombre contemporáneo. Hasta la misma figura del ser humano se ha convertido en objeto del arte y la estética, la cultura occidental ha construido modelos corporales a los que hay que emular, venerar, destinar parte del presupuesto para articular una imagen que responde a los esquemas de un estereotipo humano con unas medidas u dimensiones que permiten expresar la estética de esta época. La estética se busca como valor en cada expresión de la realización y accionar de un ser humano contemporánea. Su cuerpo, literatura, pintura, el cine, la televisión, la música y expresiones más diversas de la vida comunitaria. En las sociedades patriarcales el arte estuvo relegado a actividades propias de hombre con inclinaciones homosexuales, con la necesidad de distraer tiempo, darle libertad a la creatividad. En las sociedades industriales no hubo espacio para crear un currículo inspirado en el arte, todo se diseña en torno a las matemáticas, las ciencias y la expresión oral y escrita. La escuela de la sociedad industrial se inspira en unos supuestos saberes básicos, los necesarios para la productividad, el rendimiento laboral. Según el especialista en creatividad Ken Robinson, la creatividad es algo más que una expresión artística, es la capacidad de desarrollar habilidades para innovar, producir ciencia. En el nuevo contexto de una sociedad terciarizada las artes tienen un papel fundamental. Las artes han estado ganando su lugar en la creación y producción de esta sociedad de servicios y consumo. El currículo escolar dejaba de lado la formación estética y artística, no promovía la poesía, la música, la pintura, el teatro, estas expresiones eran consideradas pueriles y sutiles, poco aptas para formar un hombre con orientación para el trabajo. El psicopedagogo Howard Gardner irrumpe contra esta visión del arte y con aquel encasillamiento del conocimiento, escribe el texto “Las inteligencias múltiples”, procura recuperar las habilidades principales de cada ser humano, su capacidad de ser productivo en un mundo donde se segrega el conocimiento y las destrezas que supuestamente no respondían a patrones del mundo productivo e industrial. En esta sociedad dominada por los servicios, las destrezas artísticas, cada vez son más necesarias y pertinentes para dar respuestas a problemas existenciales del ser humano. El arte puede funcionar como un anestésico para los problemas neuronales de un ser humano dominado por la depresión, el estrés, individualismo, anonimato. En esta sociedad se han perdido los espacios públicos y así la posibilidad de convertir el ocio en arte, pero cada época tiene sus problemas. Los gestores culturales deben descender hasta las comunidades, barrios, escuelas, colegios, clubes y otros escenarios donde se ejerce la habilidad y expresión artística, hoy se forman maestros de educación artística, se procura que el arte tenga su lugar en las escuelas y la sociedad. El arte es algo más que lo afeminado, es la expresión creativa de individuos con habilidades para innovar, transformar, construir y diseñar. Es pertinente que las sociedades contemporáneas funcionen como mecenas o musas que inspiran y patrocinan la actividad creativa que convierte el ocio en tiempo productivo.
El autor es Dr. En educación.

Sobre El Autor

- Estudiante de término de Comunicación Social

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