Publicado el: Jue, dic 29th, 2016

El año de la impunidad y la corrupción

Por Luciano Filpo

luciano-filpo1Desde los laberintos mediáticos se zarandean y discuten los temas de la problemática nacional: corrupción, delincuencia, desorden en el transporte, baja calidad en la educación, narcotráfico, trasiego de influencia, macuteo policial, desempleo, jóvenes varados… por un lado el espejismo del progreso urbano en algunas ciudades, mientras que la mayoría de pueblos languidecen de exclusión, pobreza y marginalidad. Estamos en una sociedad dirigida desde los medios existe desde la cosmovisión de la opinión pública, lo que no se refleja en los medios, no existe, no real, lo demás son inventos de la oposición y de sectores insatisfechos, nunca ven el vaso lleno, están condicionados para la queja.

Otros pormenores que ocurren es la fragilidad institucional en el congreso, donde sus representantes son un sello gomígrafo del poder ejecutivo, su misión es vender leyes que favorezcan a sectores nefastos de esta sociedad, cobrar viáticos, morder el erario bajo los artilugios y sofismas más descarados; los concejales se han especializado en captar áreas verdes para repartírselas; desde la justicia se ha creado un mercado de sentencias, bandas de jueces que cobran para liberar expedientes y personas de bajo mundo.

El irrespeto a la ley y la institucionalidad se traduce en una amenaza para el orden social. El usufructo bochornoso de los bienes públicos, la componenda privada para apropiarse de sectores sensible de la sociedad; electricidad, recogida de la basura, agua potable, transporte, salud y educación.

Desde el ámbito privado se aprovecha el desorden y también se recurre al chantaje, la evasión así como la asociación con la corrupción dentro del estado. La corrupción es una lacra que carcome los cimientos de la sociedad. El dispendio de recursos, la dilapidación, los gastos súper flujos. El soborno, la extorsión son la dinámica en la cultura sumergida de los actos corruptos. Los cimientos de la sociedad dominicana son conmovidos por la indiferencia pública y la complicidad oficial.

Es necesario destacar que la sociedad dominicana padece una gran indiferencia colectiva, la ciudadanía se ha acostumbrado a protestar a través de twitter y Facebook, de ahí no se pasa, la realidad supera el mundo digital, el aura de una opinión publica comprometida con el malestar social que de forma putrefacta contamina esta sociedad. Pocos espacios y plumas han sobrevivido a la coaptación, son plumas al servicio de la transparencia, rendir cuesta en el manejo de fondos.

La sociedad ha sido asaltada por políticos, plumíferos y empresarios ambiciosos, se han roto todos los esquemas de vulnerar las leyes y el orden público. En ese mismo sentido se ha ido resquebrajando el control social: leyes que no funcionan, políticos que no velan por el orden público, funcionarios que se apropian de los bienes públicos, procuradores que no instrumentan bien los expedientes para que fracasen, narcotraficantes que permean los intersticios de los aparatos burocráticos y coercitivos del estado. La sociedad se ha convertido en un remanso para el trasiego de influencia, el soborno, la lenidad y la banalidad.

Todo este marasmo de corrupción y perversión ha abonado el camino para que, en el marco de la exclusión y la desigualdad, crezca la violencia social y delincuencia, los espacios urbanos, barriales y citadinos son tomados por los delincuentes. La delincuencia ha sido premiada por la impunidad, la corrupción, la desigualdad, la transculturación. Según Jorge Cela los modelos de inversión que se han puesto en marcha han provocado flujos migratorios hacia los lugares donde se concentra la inversión. Es un modelo macrocefalico, todo se concentra en 4 pueblos, los demás no existen.

El modelo macrocefalico genera la exclusión, desigualdad, violencia, invisibilidad a la gente, los instrumentaliza… el 2016, ha sido otro año perdido en materia de lucha contra la corrupción… todo se queda en pantalla, en un anestésico mediático sin consecuencias… malversación de fondos públicos, ausencia de justicia para quienes delinquen si es de abolengo. Los políticos tienen licencia y potente para operar. La justicia es como una cobra, siempre muerde a los descalzos mientras los tutumpotes disfrutan de la más completa impunidad.

El organizador del proceso electoral malgasta más de mil millones de pesos y no pasa nada, funcionarios públicos que no hacen su declaración jurada de bienes y no los destituyen; personas acusadas de soborno y son exculpados, solares y obras sobrevaluados. Las autoridades son indiferentes, la ciudadanía es apática, la sociedad civil es moldeable, hay una complicidad colectiva, lo cierto es que esta deplorable situación profundiza la pobreza y la desigualdad en todo este entorno desolador se traduce en inseguridad, incertidumbre; la delincuencia parece tomar las calles, es cierto que esta viene desde el estado y desde la sociedad.

La sociedad sigue de rodillas ante el flagelo de la corrupción, impunidad y delincuencia. Hay que pasar de la crítica y la protesta virtual a la realidad. Esta sociedad se desmorona ante la indiferencia y la omisión, estos modelos sociales asquean las comunidades y profundizan los problemas. Se deben construir respuestas reales a males ancestrales que yugulan la sociedad en su conjunto.

El autor es Dr. en educación.

Sobre El Autor

- Estudiante de término de Comunicación Social

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