Publicado el: Mie, dic 7th, 2016

El Reino

Diác. Rafaelito ComprésEl Reino de Dios, no es un lugar geográfico ni cosmológico, que podamos encontrar con el radar, es un estado de vida que se alcanza por la intimidad con Dios, en la vivencia de su enseñanza, es decir, de su ley de amor, justicia y paz. Por tanto, hacer vida cristiana no es llevar muchos títulos académicos, aunque ellos pueden ayudarnos, sino un configurarnos con Jesús, en el día a día, en el tú a tú con los demás; por eso, dice San Pablo en una de sus cartas: Estoy crucificado con Cristo, vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

Quiere decir, que tengamos unas palabras y unas acciones como las de Jesús, no cuando estamos en la casa de oración o reunión de los fieles, porque ahí es fácil tener cara de santos, sino en la cotidianidad de la vida. Talvez alguno piense que se salvará por pertenecer al grupo de los grandes intelectuales o por tener una posición social holgada, pero no, lo que nos da la salvación es la obediencia al Todopoderoso, sin embargo, esto se nos hace cuesta arriba la mayoría de las veces y hay que esforzarnos. Jesús, tenía unos treinta y tres años cuando le crucificaron, era un hombre joven y lleno de vida, tuvo oportunidad de alejarse de Jerusalén y librarse del suplicio, pero obedeció al Padre para abrirnos las puertas del Reino, si se hubiera escapado, se hubiera quedado como un gran profeta o talvez como un hombre bueno y nada más, y eso, para un hombre cualquiera estaba bastante bien, pero no para él, porque su misión iba más allá, hasta la consumación del sacrificio expiatorio que reconcilia a la humanidad entera con Dios; por eso, en su oración en el huerto decía: Padre, si es posible, aparta de mi este cáliz, mas no se haga mi voluntad sino la tuya. ¿Quiere decir que para salvarnos tenemos que llegar necesariamente al suplicio de la cruz? ¡No! No necesariamente, aunque muchos han sufrido el martirio de diferentes maneras, ahora bien, ¿cuál es nuestra misión en el seguimiento de Cristo? Es dar testimonio de que él vive, independientemente de que por eso nos quieran quitar la vida, pues como dice el mismo Jesús: El que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

A muchos les preocupa lo escatológico y se preguntan: ¿Cuándo llegaremos al Reino de Dios? No se dan cuenta de que ese Reino está entre nosotros y que lo haremos presente y sensible, en la medida en que seamos hacedores de la voluntad de Dios, es decir, que seamos capaces de aprovecharlo todo, incluso el mal, para hacer el bien, de modo que seamos un reflejo de la presencia de Dios en el mundo en que vivimos, teniéndole como nuestro único Rey, y nuestro único Señor. Cuando seamos capaces de vivir según el Evangelio, en la mayoría de los casos lograremos el respeto de la gente, incluso de los que se creen poderosos y con el derecho de imponer sus propias leyes, que muchas veces, aunque sean legales no son justas ni producen paz. En tal sentido, es necesario trabajar por la paz, aplicando la justicia por el vínculo del amor. Lo escatológico tiene que llegar y llegará, pero en cuanto al día y la hora, nadie sabe, hay que estar preparados en el hoy de cada día, por eso nos dice San Pedro: mientras esperamos estos acontecimientos, procuren que Dios les encuentre en paz con El.

Hagamos presente la bondad, el amor, la misericordia y la paciencia de Dios, con una compostura conforme a su voluntad, así estaremos viviendo y haciendo presente el Reino de Dios. Amén.

Diác. Bienvenido Rafael Comprés Taveras.

Sobre El Autor

- Estudiante de término de Comunicación Social

sonomaster publicidad abajo

Interactúa con tu comentario

Elpoder.com.do No acepta comentarios inmorales, difamatorios, degradantes, ofensivos e injuriosos por respeto a nuestros colaboradores
y lectores. Respetamos la diversidad de raza, simpatía política, religiosa, orientación sexual u otra índole que atente la moral de las personas.
Trabajamos con objetividad y criterio de responsabilidad, respetando la libertad de expresión de nuestros lectores, apegados al libre acceso
a la información pública.