Publicado el: Vie, Jan 6th, 2017

Felicidad y sociedad de consumo

Por: Luciano Filpo

luciano-filpo1En el ámbito de la literatura light o de superación personal el tema de la felicidad es nodal, ser feliz y apostar a serlo, es el centro de la vida de los individuos. En esta tesitura la felicidad es una condición personal e individual, usted se abstrae del mundo, esta se construye al margen de la situación material del sujeto. No existen puntos de inflexión, realidad material o existencial que se manifiesten en ese bienestar individual.

Desde la superación personal, la felicidad se alcanza con elevada autoestima, optimismo, confianza en sí mismo, progreso y positivismo. Usted no alcanza la felicidad por pesimista, poco emprendedor, sin iniciativa. Esto solo es una condición emocional de las personas. En este sistema-mundo como establece, Wallestein, la producción, el industrialismo influye en la búsqueda incesante por acumular capital, aborda la relación centro periferia, refiriéndose a los países ricos y pobres, así mismo esta relación se puede extrapolar a las personas y la estratificación social.

El industrialismo es el punto de partida en la producción de mercancía de forma masiva y en la propensión hacia una tendencia indetenible por el consumo. Desde griegos y romanos hubo estratificación y consumo, pero los grandes excedentes se advienen con la Rev. Industrial. Con el sistema-mundo capitalista se profundiza el individualismo burgués, la masificación mediática del siglo XX, empieza a conmover los cimientos de una sociedad moderada, austera. La masificación del consumo en la era del capital, como diría Hobsbawm, ha cambiado el sentido de la existencia en las sociedades contemporáneas. En la segunda mitad del siglo XX, el capital se corporativiza, se forman grandes cadenas comerciales, continua el proceso de urbanización en las áreas rurales. También varía la cosmovisión del mundo, la secularización predomina, se trivializan los valores, las personas asumen un estilo de vida etéreo, vacío… la felicidad pasa de ser una situación emocional, relacionada con un estado de animo a una condición existencial relacionada con la capacidad de consumo y adquisición de bienes en la sociedad.

Para el gran sociólogo contemporáneo Z. Bauman, en la sociedad post industrial y postmoderna, la felicidad se construye, se articula desde el regazo de una tienda, el mall, la plaza, el ágora reúnen todas las condiciones y elementos materiales para hacer feliz a las personas. Ser feliz tiene que ver con marcas, modas, estilo de vida, estética, relaciones sociales, viajes por el mundo, reunión de piezas antiguas. La vida postindustrial es una rutina absorbente, el ser humano (hombre-mujer) necesitan trabajar más de doce horas diarias para generar ingresos extras e involucrarse en la cadena alienante del consumo.

Son elementos importantes de la nueva felicidad: la apariencia personal, la diversión y el tiempo de ocio. En este nuevo escenario social el sexo ha sido un elemento importante, se ha promovido un desenfreno sexual, se ha promovido una cultura que exalta el sexo, las curvas femeninas y nuevos modelos estéticos de belleza. Es más importante la forma del cuerpo que el fondo de la existencia. Lo que vale en esta catarsis consumista es la apariencia, la sensación de bienestar. Tal como sostiene Eduardo Galeano de forma sarcástica, el ataúd importa más que el difunto, el aropel y el diezmo valen más que la misa, el envase importa más que el contenido. Jean Baudrillart, teórico de la deconstrucción y de la sociedad del simulacro, refiriéndose a la cultura postmoderna, sostiene en su estudio acerca de la sociedad de consumo que este fenómeno es un mecanismo de control social.

El mundo del consumo atomiza, aliena, individualiza y hasta pulveriza las posibilidades de proyectos colectivos; estos mantienen una cultura de corderos, seguidores ciegos y anónimos de la moda. No obstante la masificación de las tendencias de los mercados, los individuos concurren como objetos individuales, unos para suplir carencias personales otros para subsanar vacíos existenciales, otros movidos por la avalancha mediática y los sortilegios de la propaganda así como de las supuestas ofertas. Por otro lado Giles Lipovetsky habla de que nos encontramos ante la cultura de lo efímero, lo perecedero, lo que cambia de forma continua. La tecnología ha generado un proceso vertiginoso de cambio y sustitución de bienes y servicios. Un bien de consumo no se ha establecido en el mercado cuando ya ha perimido.

El comportamiento humano no es tan acelerado, la cultura del consumo lo ha alterado todo: el valor de las cosas, la concepción acerca de la naturaleza la interacción social, la dignidad humana. Soy tan persona en tanto bienes consumimos, la vida se complejiza, la felicidad depende de concurrir al mall, de adquirir bienes aunque sean superfluos. Se aspira a la perfección del cuerpo es otro prurito que contribuye supuestamente a la felicidad de los sujetos. Se está ante la era de la soledad y donde los bienes de consumo aparentan colmar el recipiente de las emociones de los individuos. Una cuestión es cierta, la sociedad de consumo postra, esclaviza, depreda, mantiene una insatisfacción continua; la naturaleza no resiste el modus vivendi del consumo actual. Se requiere de un consumo responsable y con los ciclos de reproducción y armonía entre los factores de la naturaleza.

El autor es Dr. en Educación.

Sobre El Autor

- Estudiante de término de Comunicación Social

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