Publicado el: mié, Mar 21st, 2018

La educación como inversión

Por Paulio Sánchez

Se suele escuchar en los medios de comunicación, en discursos políticos y de especialistas que la educación es fundamental para el desarrollo de una nación. Dicho pensamiento se ha concebido como una quimera, una medida infravalorada, por lo tanto, los gobiernos de países del tercer mundo no proporcionan la inversión adecuada.
La educación para los ciudadanos es la mejor inversión que puede realizar el Estado, ya que esta proporciona beneficios tanto con respecto a la convivencia social como a lo económico.

El Estado debe garantizar el acceso a la educación en todos los sectores de la sociedad, esto quiere decir que debe promover todas las políticas necesarias con la finalidad de que los hogares de pocos recursos se desarrollen en igualdad de condiciones. Lo anterior no con respecto a la posición económica sino en virtud de una igualdad de posibilidades, siendo vital que los gobiernos proporcionen una educación pública de calidad, para lo cual sería preciso una mayor inversión.

La sociedad moderna con su sistema capitalista ha traído consigo el desplazamiento de los empleados menos cualificados (aquellos que no tienen estudios, ya sean primarios, segundarios o universitarios) haciendo que crezcan con facilidad las desigualdades sociales, por la brecha salarial que existen entre empleados cualificados y no cualificados. Por lo que, es necesario que el Estado proporcione un acceso eficaz a la educación de los ciudadanos, para que así estos puedan ser competentes en el mercado laboral. De lograrse dicho objetivo, las remuneraciones por sus servicios serían más altas y más hogares tendrían la posibilidad de mejorar su calidad de vida puesto que obtendrían un poder adquisitivo mayor.

Una población educada conlleva a una sociedad con mayor posibilidad de desarrollarse, generando de esta manera un sostenido crecimiento económico, lo que implica que los ciudadanos no tengan incentivos (necesidades) para cometer ilícitos, ya sea para su sustento o para obtener mejor calidad de vida. Si la sociedad reduce los estímulos para delinquir, los índices delictivos disminuyen, por tal razón, el Estado puede contemplar un desplazamiento de los recursos destinados a la persecución del delito, pudiendo así invertirlos en sectores de suma importancia, como el acceso al sistema de salud pública, promoviendo que este se encuentre mejor habilitado y a su vez proporcione mayor calidad de vida a los ciudadanos.

Las sociedades que obtienen educación de calidad, aparte de obtener todos los beneficios antes mencionados, también adquieren exponencialmente conciencia social, produciendo que las personas piensen más como país: “un nosotros”, en vez de pensar como individuos: “un yo”. Por lo cual, los beneficios particulares y los colectivos, no tienen discrepancias, lo que conlleva a una sociedad que camina en una misma dirección, con el fin de conquistar “el bien común”, por tal razón el pueblo obtiene empoderamiento social. Bajo este criterio se expresa Jefrey Sachs en su libro la era del desarrollo sostenible, donde se establece que:

“Si los recursos que se destinan en Estados Unidos a mantener a los jóvenes encerrados se hubieran destinado hace tiempo a educar los niños, su sociedad experimentaría un enorme progreso en justicia, productividad y bienestar. A nivel puramente económico las ganancias serian enormes, pues los costes de mantener una población carcelaria excesiva ascienden a decena de miles de millones anuales”.

Países como Dinamarca, Suecia y Finlandia contemplaron la educación como un elemento fundamental para promover el Estado de bienestar, dirigiendo sus políticas a mejorar la calidad y la accesibilidad del sector para todos los ciudadanos. El 15% del gasto público en dichos países se dirige a la inversión en educación, el resultado es una sociedad con alta calidad de vida, ya que existe menor grado de delincuencia, haciendo posible que el rango del gasto en defensa (persecución del delito y encarcelamiento) no exceda 3% del gasto público. Además, dichas naciones muestran una tasa muy baja de homicidios.

Los homicidios por cada 100,000 habitantes son de 1.25 personas, este fenómeno es prácticamente inexistente en estas sociedades, mientras que en países como la República Dominicana es 17.39, para un total de unos 1,810 homicidios anuales. La población de Suecia y República Dominicana son prácticamente iguales en volumen; sin embargo, en nuestro país acontecen 1,700 homicidios por encima del país escandinavo, además por la liberación de recursos que sienten estas naciones en aspectos de seguridad social, han alcanzado un óptimo sistema de salud pública, logrando posicionarse en los mejores índices de calidad de vida.

Es preciso señalar, que los países deben invertir tanto en mejorar la calidad como la accesibilidad de los ciudadanos a los servicios, estas políticas deben aplicarse conjuntamente para que se manifiesten los beneficios mencionados con anterioridad. Para asimilar por qué es importante accionar con políticas conjuntas, es necesario contemplar casos como el de los Estados Unidos, país que invierte de manera significativa tanto en educación como en salud, el problema radica, en que esta nación no ha tomado medidas significativas para que estos servicios sean accesibles proporcionalmente a todos sus ciudadanos, lo que motiva el auge de las desigualdades sociales y el factor educación no juega el papel deseado.

La República Dominicana debe asimilar las perspectivas europeas en el ámbito de la educación, buscando así, que el conocimiento sea accesible a todos, logrando a largo plazo mitigar las desigualdades sociales y mejorar la calidad de vida. El Estado debe concebir la preparación de los ciudadanos como un activo, una inversión que promoverá el Estado de bienestar, lo que significaría una sociedad más segura, productiva y desarrollada, dirigida a lograr la felicidad colectiva.

Sobre El Autor

- Lic. en Comunicación Social

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