Publicado el: Lun, may 29th, 2017

Movilización y control social

luciano-filpo1Por Luciano Filpo

En el pensamiento político y social se habla de movilización Social para hacer alusión a un estado de agitación de las masas o del pueblo respecto a una situación ciudadana que los afectan. Es necesario destacar que la categoría masa es menos significativa en término de movilización qué pueblo. Las masas son amorfas, espontáneas, anónimas y se desplazan como las multitudes y muchedumbres. Sostenía el gran maestro Ortega y Gasset que el hombre masa no tiene identidad, se sumerge en el grupo y desde allí actúa en forma anónima. La categoría pueblo tiene un contenido más protagónico que las masas. El pueblo es un actor más consciente, activo y coherente, se moviliza de forma organizada y con objetivos. Se expresa desde el grupo de presión, el sindicato, el club. En el siglo xix no sé permitía la movilización social, pero los pueblos fueron arrancando los derechos a la burguesía y a los Estados capitalistas. En el siglo xx se consagró en las constituciones liberales el derecho a la movilización social que sí siempre orientada a conseguir reivindicar casi siempre negadas por los poderes constituidos y fácticos. Los procesos de movilización social se articulan con movimientos sociales. Los movimientos sociales son muy diversos, procuran reformar o cambiar situaciones. Se producen por la insatisfacción social casi siempre de forma colectiva. Los movimientos sociales pueden ser reformistas, entre los que se denotan: ecologistas, de género, pacifista, educativos y juveniles; pueden ser revolucionarios donde se perfilan los movimientos que procuran transformar la sociedad. También están los movimientos mesiánicos que procuran explotar el subconsciente y la parte espiritual de las personas los cuales asumen las orientaciones de un guía mesiánico que ofrece la salvación y el alcance de un reino prometido. No obstante los pueblos alcanzar derechos, los Estados no han renunciado a los mecanismos de control social. Desde los padres fundadores de la sociología se estuvo teorizando acerca del rol de instituciones sociales tales como la religión y las iglesias. Las familias y la escuela; estas instituciones han contribuido a los procesos de integración social. Desde la perspectiva de la sociología del conflicto la religión hace la función de anestésico, de opio del pueblo y por consiguiente contribuye al control social. Para Max Webber y su sociología de la acción social la religión promueve la integración social. Asimismo este autor observa en el Estado la única instancia política que administra y ejerce la violencia, lo que a su vez se traduce en control social ya que desde estos estamentos se ejerce el poder y el poderío. Desde la sociología del consenso se articuló la teoría del sistema social, se observa la sociedad como un sistema que se forma de un conjunto de redes sociales que interactúan entre sí. Talcot Parsons y Robert Merton desarrollan este enfoque, el cual tenía mucha influencia en el siglo XX, y en la sociedad norteamericana. Desde este enfoque el sistema se regula a sí mismo, posee mecanismos de control y cuando un sujeto o conjunto de individuos cuestiona, confronta las estructuras del sistema cae en una situación de disfuncionalidad. Desde esta perspectiva la función de los organismos reguladores es crear armonía y consenso. No obstante estos enfoques, durante el siglo XX se desarrollan movimientos reaccionarios que hacen la función del control social. Los movimientos fascistas y nazis que se propagan por Europa, América, África, Asia. También se establecieron regímenes stalinistas que conculcan las libertades públicas y la libre manifestación de los pueblos. En estos Estados se estableció un control social férreo, inaudito. Es necesario destacar que en los países denominados democráticos se refinan los mecanismos del control social; el entretenimiento, la televisión; la promoción de un consumismo como cultura, la supuesta lucha contra el comunismo y posteriormente el combate al terrorista son los nuevos esquiroles de control de la población. En la actual coyuntura el regulamiento social se despliega desde los medios tecnológicos de la información y la comunicación. Como establece Manuel Castell la sociedad red tiene efectos múltiples en los estilos de vida de las personas. Se ha debilitado el Estado-nación, se ha fortalecido el capital corporativo; colapsan los mecanismos de solidaridad entre las personas. Nuevas redes sociales ocupan el que hacer de las personas, varían su tiempo de trabajo, su disposición al ocio y su preocupación por la reflexión, critica e interpretación de la realidad. En este nuevo escenario el control social llega de forma lúdica y visual, el entrenamiento es continuo. Los aparatos coercitivos y persuasivos del Estado han sido desplazados, las redes también permiten regular la forma de pensar, asociación y vida social de los individuos. En la presente coyuntura la sociedad dominicana asiste un proceso ascendente de movilización social, se han roto las inhibiciones, la anomia histórica parece ceder. Los procesos históricos suelen quedar inconclusos en Rep. Dom. La sociedad se ha erguido contra la impunidad y la corrupción. La clase política se ampara en los más sutiles subterfugios para justificar su conducta artera y soez con los bienes públicos. Desde Aristoteles se atribuía papel fundamental a la clase media en la consolidación de la democracia, se atribuye al peripatético articular las categorías de politeya y mesocracia. La clase media o la pequeña burguesía es la portadora de cambios, ideas, derechos humanos, democracia, ciudadanía comprometida. Constituyen el sostén de un sistema medianamente democrático. Fue la juventud proveniente de la clase media y otros sectores sociales los que propiciaron que no se arrabalizara el Parque Nacional “Los Haitises” con una cementera, ese mismo segmento social fue el propiciador del movimiento amarillo por la inversión en educación así como para que no se explotara Loma Miranda. Los cimientos de la sociedad dominicana se mueven, pero la clase política se observa ante la ceguera moral que padece. Diputados y senadores, promotores de los juegos de azares han excluido de la ley de lavado las bancas de apuestas, parece que no palpan la indignación social que se respira en la sociedad. Las autoridades judiciales juegan a la distracción, no entiendes ni perciben que con su indiferencia pueden generar una avalancha que sepulte todo ese lodo, pus y carroña que brota de sus prácticas.

El autor es Dr. En educación.

Sobre El Autor

- Estudiante de término de Comunicación Social

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