Publicado el: jue, Mar 8th, 2018

Panorama educativo – La mujer trabajadora

Por Luciano Filpo

En el siglo XIX, la mujer trabajadora fue sometida a eventos y extenuantes jornadas laborales. El salario del sector femenino era inferior al salario del hombre. Los derechos se reconocían menos en las mujeres o casi eran inexistentes, es decir debían luchar contra discriminación social y de género. Las fábricas y otros entornos laborales eran espacios de opresión y exclusión de la mujer. En los países industriales: Inglaterra, Holanda, Francia, Alemania y Estados Unidos se fueron gestando movimientos femeninos que reclaman el respeto y el reconocimiento de la dignidad de la mujer en el ámbito laboral. En el mes de marzo en varias ocasiones ocurrieron eventos de maltrato a mujeres: represión, negación de libertad y la atrocidad de quemar un grupo de mujeres dentro de una fábrica, son eventos que evidencian el escaso valor reconocido para la época. Hubo varios frentes de lucha entre las mujeres: por un lado Aparecen las sufragistas, partidarias de que las mujeres obtengan el derecho al voto y por el otro, aquellas que reclaman jornadas de trabajo recortadas, mejor jornal y el derecho a la sindicalización. En este segundo renglón es que se fortalece un movimiento por establecer el día 8 de marzo como día de la mujer trabajadora, para reconocer a todas aquellas heroínas que habían caído o habían padecido algún vejamen laboral. En todas las épocas de la historia humana se recogen episodios de exclusión o/y Castigo a la mujer. Los modelos patriarcales se han abrogado todos los derechos y han relegado al género femenino a la procreación y el seguimiento temprano a la prole. Hipatia de Alejandría, Juana de Arco, Rosa Park, las hermanas Mirabal, Mamá Tingo, Berta Cáceres son de las mujeres que han padecido el escarnio o el castigo por atreverse a desafiar patrones establecidos y moldeados según la visión masculina y andrógena de la sociedad. A lo largo de la historia de la humanidad los hombres han hecho la guerra, controlado El Poder y los recursos Y por consiguiente han impuesto su poderío respecto a las mujeres. Incluso las actividades de desarrollo del pensamiento siempre fueron objeto exclusivo de los hombres: filósofos, matemáticos, historiadores serán roles de hombres. Es con la Revolución Industrial que empiezan a deslindarse algunas actividades propias para mujeres: maestra, enfermera, secretaria, nanas o mucamas, todas considerada secundarias mientras Qué actividades más fuertes se consideraban para hombres: ingeniero, médico, empresario, inventor… Las cosas significativas eran exclusivas para los hombres mientras que las pueriles y poco significativas eran para mujeres. Los roles de género se definían de manera temprana y se creaban condicionamientos culturales que contribuyen a fortalecer estereotipos y a etiquetar a las mujeres. En el Plano urbano las diferencias son menos marcadas que en el plano rural. La movilidad social ha permitido El Progreso de la mujer citadina mientras que en la zona rural se mantienen muchos atavismos que operan en contra de la movilidad social de la mujer. La coyuntura de la Primera Guerra Mundial propició un espacio para involucrar a la mujer en la conducción del proceso productivo. Mientras los hombres están en los diferentes frentes de guerra las mujeres se hicieron cargo de la producción y los suministros. Es deplorable que este contexto bélico que produjo más de 10 millones de muertos fuera lo que generara reconocimiento a la mujer: abre puerta de universidades, genera posibilidad de puestos directivos y se inician procesos de reconocimiento del reclamo sufragista por el derecho al voto. Desde 1920 se inicia un proceso paulatino de conquistas para las mujeres. En 1948 se produce la declaración universal de los derechos humanos Esto no Fue suficiente para reconocer derechos a las mujeres. Hacia 1968 se produce una declaración de los derechos de las mujeres; entre 1975-1985 es declarada por la ONU como la década de consolidación de los derechos de las mujeres. También en los últimos 70 años se han hecho esfuerzos por teorizar el patriarcado, las actitudes misóginas y el uxoricidio como expresión de la intolerancia androcéntrica. Desde la antropología cultural se han hecho muchos esfuerzos por los estudios de género y poder facilitar la comprensión de la desigualdad y exclusión de la mujer ante el hombre. Muchos grupos feministas y por equidad de género se han dedicado a sensibilizar respecto a la necesidad de edificar sociedades más paritarias y equitativas. Las relaciones de poder han estado cambiando, las mujeres han ganado mucho espacio, son las que más estudian, obtienen más lauros académicos, pero aún los puestos de dirección siguen controlados por los hombres. Los hombres siguen detentando mejores salarios que las mujeres aún con los mismos títulos y las mismas funciones. En el mundo empresarial de hoy se están poniendo trabas laborales a mujeres en edad de reproducción… Eso es excluyente, discriminatorio y violenta la dignidad humana, pero cada vez en esta sociedad posmoderna lo humano vale menos, los sentimientos y las emociones han sido relegados a un plano secundario. Por otro lado la desintegración del hogar ha contribuido a agudizar la situación de la mujer. Cada vez es más significativo el número de madres solteras que tiene la jefatura familiar. Casi siempre el hombre abandona la familia y deja a la mujer a su suerte y con la carga de la prole. Se está ante una feminización del hogar. Por otro lado según datos de la ONU, en el plano económico la mujer tiene menos oportunidades que el hombre y es más pobre, y se ha teorizado respecto a lo que se ha llamado feminización de la pobreza. Se requieren políticas de género que generen equidad e igualdad, son insostenibles las vejaciones que padecen las mujeres en los ámbitos de trabajo donde para colmo también son víctimas de acoso sexual, misoginia y violencia de género.

El autor es Dr. en Educación.

Sobre El Autor

- Lic. en Comunicación Social

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