Publicado el: jue, May 3rd, 2018

Panorama Educativo – Situación del trabajador dominicano

Por Luciano Filpo

La sociedad dominicana presenta escaso desarrollo industrial, abundante producción agrícola, un proceso de transición prolongado hacia una economía de servicios. Desde los años ochenta se inicia el cambio paulatino en la industria turística o sin chimenea, la inserción del modelo de zonas francas, industria de ensamblaje que usan materia prima foránea, que terminan empleando mano de obra barata, con escasa profesionalidad, seguridad laboral y social. La economía dominicana es muy peculiar ha crecido por cincuenta años, pero la calidad de vida de la gente no lo refleja; no genera los empleos que requiere la población; se apela a subterfugios Fiscales y políticas proteccionistas que garanticen amplios márgenes de ganancia. República Dominicana tiene el empresariado más atrasado de la región, se encuentran en una fase pre Industrial, procuran invalidar escasas conquistas establecidas en el código de trabajo. Conquistas alcanzadas por los cartistas, espartaquistas, ludista y anarquistas en los países europeos en el siglo XIX, aún en República Dominicana existen vestigios de resistencia; es una mentalidad recalcitrante, retrógrada, atávica y al margen de los cambios sociales. Estos empresarios desconocen hoy o ignoran adrede las políticas de recursos humanos según las cuales un empleado bien remunerado rinde más, compra más y su capacidad de ingreso se traducen en una dinamización de la economía; no entienden la estrategia de demanda inducida o dejan de lado la política de ocupación plena planteada por Jhon Maynard Keynes… Los grupos empresariales dominicanos son partidarios de eliminar cualquier conquista social con la agravante de que los jóvenes empresarios presentan una mentalidad anquilosada y medieval, casi aspiran a pagar en especie a los trabajadores. Esa clase empresarial sólo concibe ganancia para ellos no entienden el efecto multiplicador de la distribución de riqueza, se resisten a los políticas progresivas que distribuyen bienestar de forma equitativa. El siglo XIX, fue un período de arduas luchas sociales donde los trabajadores se movilizaron de forma continua, enfrentaron represión, encarcelamiento, torturas, negación de derechos. Los trabajadores reclaman 8 horas de trabajo, 8 horas de familia y recreación y 8 horas de sueño y descanso. Estas conquistas costaron muchas vidas de hombres y mujeres valiosas, fueron muchas movilizaciones y hasta actos de terror patrocinados por grupos anarquistas tanto de empresarios como de trabajadores. En la primera mitad del siglo XX, los trabajadores casi podían vivir con el salario mínimo que devengaban. La vida era más sencilla, el consumo era más Modesto y austero, había cierta racionalidad en el gasto. Desde los años cincuenta empieza la sociedad de consumo a absorber el Magro ingreso de los trabajadores, las ofertas se multiplican, se crean necesidades superfluas. Los ingresos de los trabajadores se hacen insuficientes para dar cabida a tantos bienes y servicios de consumo. La sociedad capitalista dispara el ego de la gente, genera una insatisfacción continua, promueve la competencia entre quienes no tienen capacidad de compra. En el entorno neoliberal se promueve el egoísmo, la lucha encarnizada entre grupos sociales, el enfrentamiento por exhibir un estilo de vida supuestamente superior al del vecino. Las personas no viven para ellos, sus vivencias dependen del otro, de lo que hace, de donde visita, lo que consume, viste y calza. La realidad dominicana y del trabajador Es muy dramática aquí existen más de 20 salarios mínimos, lo que pone de manifiesto la heterogeneidad del sector empleador. La cantera de empleo se genera en las pequeñas empresas. Eso contribuye al salario mínimo deprimido que se observa en el país. Las pequeñas empresas generan más empleos que las grandes, son más dinámicas y están ligadas a las necesidades del mercado local. La población económicamente activa en el país se ve lacerada, impactada por el desempleo, más de dos millones de dominicanos se hallan parados, desocupados, una generación ni ni, cerca de 800000 jóvenes que no estudian ni trabajan. La informalidad atrapa a una parte significativa de la población. Los bajos salarios y el desempleo empujaron a muchos a vivir de la informalidad o a sobrevivir con actividades no reguladas por los mecanismos de control fiscal existentes en la sociedad. Un elemento muy significativo en relación a las personas asalariados en la economía dominicana es que el 70% de los asalariados del país ganan menos de veinte mil (20,000) pesos, por debajo del costo de la canasta familiar que establece el Banco Central. Otra secuela que se deriva de la informalidad viene relacionada con la seguridad social y la posibilidad de generar una pensión para la vejez. La seguridad social de República Dominicana aún no tiene cobertura para aquellos que no cotizan. Es decir, los más pobres que viven de la informalidad están condenados a la indigencia, la precariedad y la exclusión social. Por otro lado el trabajador dominicano no tiene capacidad de respuesta, los sindicatos no existen o son amarillos, no garantizan los derechos de los trabajadores adquiridos a lo largo de décadas; es por esto que los grupos empresariales procuran eliminar la cesantía en el código de trabajo así como penalizar a las mujeres embarazadas o en época de fecundación. En ese sentido la población económicamente activa de Republica Dominicana tiene grandes retos y desafíos orientados a la concreción de condiciones laborales dignas y que contribuyan a mejorar y expresar la calidad de vida de todos aquellos que viven del sudor de su frente.

El autor es Dr. en Educación.

Sobre El Autor

- Lic. en Comunicación Social

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