Publicado el: jue, May 3rd, 2018

Relaciones con China Popular

Luis Abinader, Melvin Matthews y Juan Bolivar Díaz expresan sus opiniones acerca de la nueva relación entre la República Dominicana y la República Popular China.

Luis Abinader
Luis Abinader, aspirante presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) saluda el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre República Dominicana y la República Popular China, ya que como otros sectores, lo había sugerido desde hace años.

El economista dijo que en términos generales el establecimiento de relaciones con China es una decisión correcta, ya que se trata de un país con el que se tiene importantes vínculos económicos, con importaciones de alrededor de 2,400 millones de dólares, y exportaciones por unos 120 millones, una situación que debe ser equilibrada en favor de RD.

Preguntado sobre las menciones de que para lograr el acuerdo se habrían producido sobornos a autoridades dominicanas, señalamientos hechos por el Gobierno de Taiwán y el senador norteamericano Marco Rubio, Abinader dijo que corresponde a esos actores y al Gobierno dominicano esclarecer el tema.

Dijo esperar, que todo lo relativo al acuerdo sea debidamente transparentado por el Gobierno, como debe hacerlo con todas sus actividades. Tuvo palabras de agradecimiento para Taiwán, por la cooperación y la amistad dispensadas al pueblo dominicano a lo largo de las buenas relaciones sostenidas.

Melvin Matthews
Era previsible e históricamente inevitable. La República Dominicana, finalmente, reconoce que existe una sola China en el mundo y que Taiwán forma parte inalienable del territorio chino. Una decisión de política exterior sabia y oportuna, que despierta a quienes soñaban con sostener una dualidad diplomática y comercial entre Taipéi y Beijing, imposible de cumplir dentro del actual contexto de las relaciones internacionales.

A nombre del gobierno hizo el anuncio el Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, Flavio Darío Espinal, mientras el Canciller, Miguel Vargas Maldonado, y el Ministro Administrativo de la Presidencia, José Ramón Peralta, suscribían durante un acto público y simultáneo en Beijing el comunicado conjunto que oficializó la importante iniciativa bilateral.

La administración del presidente Danilo Medina decidió establecer tales nexos con China Popular, previa ruptura con la nacionalista Taipéi, y tras consultar a un amplio espectro de la sociedad dominicana, convencido de que la misma será extraordinariamente positiva para el futuro del país. Se trata de la segunda economía global, después de Estados Unidos, pero líder mundial en manufactura y exportación de bienes y servicios.

La economía socialista-capitalista de la República Popular de China tiene el sistema bancario con mayores depósitos del mundo, su población -20% del mundo entero con más de 1,300 millones de habitantes- es el consumidor con la demanda más creciente de productos y su territorio es destino y origen de innovadoras empresas mundialistas.

Cuando visité Taiwán en 1999 salí convencido de que, tarde o temprano, terminaríamos como nación relacionándonos directamente con su rival Beijing, debido a la escasa influencia internacional de los países amigos de Taipéi, y concluí que la nacionalista Taipéi, del eximio Chiang Kai Shek, volverá al regazo de la República Popular China.

Juan Bolivar Díaz
Hay que darle crédito al presidente Danilo Medina por la decisión de reconocer la realidad de la República Popular China, (RPCH) evadida por los gobiernos dominicanos durante casi medio siglo, desde que en 1971 la mayoría de los Estados integrantes de la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptaron la Resolución 2758 que restituyó a esa nación el reconocimiento que, como fruto de la guerra fría, ostentaba la República de China en Taiwán.

Desde los años setenta la mayoría de las naciones del mundo se adhirieron a la resolución reconociendo la realidad de que Taiwán es apenas el 0.4 por ciento del territorio chino y el 2 por ciento de su población. República Dominicana evadía la realidad junto a 21 naciones, el 11 por ciento de los Estados miembros de la ONU, en una compañía que para nada nos acreditaba, cinco centroamericanas, Paraguay, Belice, Haití, tres islas del Caribe y seis del Pacífico y Oceanía, así como dos países africanos y el Vaticano.

Durante años se ha dado la paradoja de que hemos querido formar parte del Consejo de Seguridad de la ONU sin reconocer la nación de mayor población, 1,380 millones, el quinto de mayor extensión, 200 veces el territorio dominicano, segunda potencia mundial disputando el primer lugar, y por todo ello con influjo en el concierto diplomático internacional. Se podía explicar la posición dominicana por la dependencia de los Estados Unidos, pero este país reconoció la RPCH en 1979.

Sólo los esfuerzos de Taiwán invirtiendo una apreciable cantidad de dinero para mantener el reconocimiento de una veintena de países, podía explicar que los gobernantes dominicanos persistieran en el absurdo aunque el intercambio comercial, muy favorable para la RPCH alcanzara los 2 mil millones de dólares anuales. Pero nadie debería fundar nuestra decisión en que nos va a proporcionar mayor asistencia técnica o financiera. Porque eso rebaja la dignidad nacional y nos proyecta como una nación mercantilista. Ya el senador norteamericano Marco Rubio, ignorando la realidad universal, nos acusó de dejarnos sobornar por China, cuando sólo hicimos lo que su país decidió hace 39 años.

Nos ha costado mucho esta decisión de soberanía y dignidad nacional, adoptada desde mediados del año pasado, (cuando la publicamos), tras lo cual Taiwán desarrolló una ofensiva desesperada buscando revocarla. En julio envió al país a su canciller, que no fue recibido por su homólogo Miguel Vargas ni por el presidente Medina. En agosto vino el ministro de Defensa, y en noviembre el vice canciller. En octubre la presidenta de Taiwán cursaba invitación al presidente Medina para una visita oficial, y hace apenas semanas tres buques de las fuerzas navales taiwanenses visitaron el país.

No dejaba de ser penosa la decisión de desconocer a Taiwán, después de décadas de cooperación, pero era cuestión de dignidad. En el comunicado en que anuncia su retiro total del país se expresa que “condenamos enérgicamente la decisión de China Popular de utilizar la diplomacia del dólar para comprar los aliados diplomáticos de Taiwán”. Eso implica una acusación de que nos vendimos y una desproporcionada reacción, tal vez motivada porque todavía en febrero estábamos firmando un acuerdo de cooperación, y recibimos una contribución de 3 millones de dólares para microempresas, y cientos de ambulancias y motocicletas, cuando ya habíamos decidido un divorcio que debió ser más conciliado.

Más allá del agradecimiento por la asistencia técnica y la amplia ayuda financiera de Taiwán durante décadas, hay que reconocer la tremenda laboriosidad de ese pueblo de 23 millones de seres humanos, que levantó un emporio económico en una isla un tercio menor que el territorio dominicano, favorecido por haber sido convertida en frontera de contención del comunismo chino. Fue un error estratégico no haberse declarado independiente en plena guerra fría cuando habrían conseguido reconocimiento, en vez de seguir proclamándose como la nación china. Con todo, merecen la mejor de la suerte, que la peor sea un estatus semejante al de Hong Kong, que ha mantenido relativa autonomía y su gran prosperidad económica.

Sobre El Autor

- Lic. en Comunicación Social

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